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martes, 2 de septiembre de 2014

"El escándalo performativo del análisis" artefactos No. 5

El escándalo performativo del análisis es el título que lleva la revista artefactos 5, revista que se organiza en torno a los efectos provocados y producidos por el tejido de las proposiciones de J. Lacan, de J. L. Austin con sus “Cómo hacer cosas con las palabras” y el “Don Juan” de Moliere, tejido que nos mostró Shoshana Felman en su “El escándalo del cuerpo hablante. Don Juan con J. L. Austin [y J. Lacan] o Seducción entre lenguas” y que del cual, acompañado de Felix Guattari, Joseph Danan, Gilles Deleuze, Judith Butler, Michel Foucault, John Searle y muchos otros, es que surge a partir del encuentro con sus páginas y de diversas charlas en torno a sus lecturas, vicisitudes sorprendentes y efectos que en el cuerpo de la revista se despliegan… A CONTINUACIÓN LES DEJAMOS UN EXTRACTO DE LA REVISTA
Luis Mendoza Lascano luis.m.lascano@gmail.com

viernes, 16 de mayo de 2014

La función del acompañante...Un lugar en la asamblea parlante

“Debemos hacernos merecedores de que nos hablen y nos cuenten. Deberemos salir y destacarnos de esa “Asamblea de los Parlantes”(…) para convertirnos en aquel que puede alojar un decir extranjero e impropio” (Leibson L., 2013, Pág. 65)

Las preguntas sobre la función del acompañante, qué es acompañar, cómo hacer ahí con ese lugar al que somos convocados, teniendo para esto que dilucidar la demanda que aloja ese pedido; son cuestionamientos entre los cuales se va entretejiendo un hacer ahí, que se da, emerge, tras lo cual ha sido crucial el poder hacer también clínica de éste. Particularmente desde pensar el acompañamiento como una función, preguntarnos sobre ésta en tanto somos convocados como acompañantes de un sujeto “loco”, delirante en sus dichos, a los que apostamos a escuchar un decir. Si es necesario, previamente al encuentro con el paciente delimitar esta función, de acompañante diferenciándola de la de analista, cuestionamiento que surgió en un espacio de discusión de material clínico, en relación a la intervención que hacía el psiquiatra, los lineamientos que éste daba para una internación, que no eran acordes al modo en que intentábamos alojar, como acompañante, eso que le acontecía, interviniendo para llevar a la internación vía una decisión del paciente, alojada en su decir.

Respecto a esta última pregunta, me surge la respuesta como en ese mismo momento de discusión, casi de instinto, sosteniendo que no es posible delimitar y diferenciar una función previo al encuentro, imposibilidad en relación a que esto no va a permitir una suerte de delimitación del espacio de intervención y por ende un saber hacer desde este marco, y si lo permitiera, justamente ya estamos fuera de la función, y de escuchar ese decir. Creo que solo así podemos alojar la singularidad de cada encuentro, y no ir a operar con la psicosis, sino con ese decir loco que nos convoca a un diálogo, diferente, pero un diálogo…de locos.

Como señalé al pasar, estas reflexiones se enmarcan en la experiencia de acompañamiento de un paciente, con quien estuve por casi dos años. En un primer momento, recuerdo que el pedido era del orden del saber, él exigiendo que le aportáramos, que la compañía, en este sentido, era delimitada como activamente otorgadora de conocimiento, ubicándonos desde este lugar, estando muy atento a lo que cada quien le entregaba. Digo estando dado que, en el recorrido de nuestros encuentros, fui siendo testigo de como, en su decir, se le iba diluyendo el poder especificar lo que cada una de las acompañantes le aportaba, ubicando en un momento, de bastante crisis y en el que estaba muy angustiado por un delirio persecutorio, que él no necesitaba saber, que ya sabía, lo que necesitaba ahora era compañía…Que se alojara ese decir, lo que no ocurre al ser catalogado como loco, en el sentido deficitario del término, pues ahí más bien lo anulamos, bajo la premisa de irreal, de que de lo que se aqueja no le acontece, con la fantasía de que esa “verdad/realidad” debiera desvanecer la angustia.

En esos puntos es en donde me fui encontrando con este cuestionamiento, qué es en la práctica el escuchar el delirio, cómo alojarlo, cómo confrontarlo, en definitiva, cómo acompañarlo. Y ahí es donde me parece, hay una respuesta que es más bien para seguir pensando, justamente en la importancia de poder acompañarlo, jugando y extrapolando quizás la función de acompañante terapéutico en este sentido, en que frente a un decir extranjero, no lo invalidamos como irreal si somos capaces de acompañarlo.

En esta línea me resuena lo planteado por Allouch (1986), cuando señala que en la locura, es posible intervenir cuando, “dirigiéndose a nosotros como a un semejante, como a un codelirante potencial, el psicótico espera de nosotros una confirmación de la experiencia que él sufre y de la que se hace para nosotros el testigo (…) el no está sin saber e incluso sin tener razón en su saber. Nada obtendremos de él si le rechazamos eso” (Pág. 52). Tal como dijo esta paciente, ella ya sabe, lo que busca es que con eso que ella sabe, pueda dialogar, teniendo un lugar, que se le otorgue un lugar, a través de un diálogo que convoca desde la locura, del cual es muy difícil poder ser parte, dando un lugar diferente al de enfermo psiquiátrico, lugar que la cristaliza e invalida, cuestión de la que se aqueja, reinventando constantemente, diversas formas de poder hacerse un lugar diferente.

El delirio quiere hacerse oír, y también quiere que le hablen. Como refiere Leibson (2013), no se trata de dialogar con la certeza, con ese saber, sino de hacerla entrar en la conversación, en la movilidad de un diálogo, aunque sea un diálogo de locos.

Uno de los puntos complejos de acompañar en este lugar de codelirante, es específicamente el poder delimitar, preguntarnos si es necesario confrontar y el cómo hacerlo. Pareciera que la confrontación va más bien del lado de dialogar con eso, pero no cuestionar directamente eso que sabe en el decir de un paciente, sino el poder movilizar eso que entra en una conversación, que pueda vacilar, y así relativizar eso que se vuelve tan avasallador.

Ahí la apuesta del equipo, escuchando fuimos viendo cómo alojar en él la necesidad de una internación, dada la angustia en la que se encontraba, lo que a los ojos del psiquiatra aparecía como “manipulación” ya que a él no le había contado nada de este delirio, y que a sus ojos, ningún psicótico podía ser tan estratégico en relación a con quienes abrirse. Es en ese punto en donde me hizo pensar mucho lo trabajado por Lacan sobre la asamblea parlante, particularmente la línea de que es un decir que no se abre indistintamente, debemos hacernos merecedores, acompañantes de esto. Entramado complejo a seguir reflexionando, más aún cuando siguen primando intervenciones con la lectura clínica de  “es una idea en tu cabeza”.

Referencias
Allouch J. (1986): Ustedes están al corriente hay una transferencia psicótica. En Revista litoral 7/8. Edelp. Argentina.
Leibson L., Lutzky J. (2013). Maldecir la psicosis, transferencia, cuerpo y significante. Buenos Aires, Letra Viva

Lorena Álvarez Reyes


martes, 15 de abril de 2014

GUERRA EN EL ANÁLISIS

mutaciones, temporalidades e historia





“Pero apenas percibidas y reconocidas, esas zonas catastróficas se actualizan de inmediato en el trabajo transferencial. Es la guerra en el análisis, sin metáfora”
Davoine y Gaudilliere (2011)

Sin metáfora, se presenta, se muestra, llamando a una inscripción posible dentro de ese encuentro en la experiencia analítica. Una guerra, no jugada como personajes de ese gran teatro llamado inconsciente, en el que vendríamos a ser diferentes actores según el libreto que su novela edípica pusiera en juego, metafóricamente. Esta es una guerra jugada en el encuentro, que permitirá ir poniendo texto a aquello que quedó absolutamente por fuera de la historia, entendida esta como lo contado y transmisible, pues el sujeto quedó enfrentado a la imposibilidad de que lo catastrófico fuese novelado, dada la caída del libreto referencial.

Nombrar este tipo de clínica, como del trauma o de lo traumático, se hace particularmente complejo, principalmente por la posible cristalización en el lugar de víctima y una significación a priori que se da al hecho en si, que lo define como tal, conceptualizando el trauma en la línea del sentido, como lo calificativo de ese hecho, desde una lógica causa-efecto. Pareciera que la discusión, frente a hechos catastróficos para la humanidad, se moviliza si no se centra el trauma como hecho/causa, de ese sujeto paralizado en el lugar de víctima, y en una especie de para todos, efectos devastadores masivos desde una significación a priori que corre el riesgo de dejar por fuera la singularidad de esa experiencia. Justamente ahí es donde, la concepción de trauma, el cómo se le aborde, diferenciará a mi parecer, la clínica de este tipo de acontecimientos.

Particularmente, las interrogantes respecto a esta temática fueron articulándose desde el trabajo en un centro de atención a víctimas de delitos violentos, en el marco institucional de la secretaría de seguridad pública de Chile. La pregunta respecto al quehacer analítico frente a este tipo de clínica, siendo el punto desde el que mayormente se cuestionaba desde el equipo, el tratarse de hechos en donde la realidad está tan presente y de forma tan avasalladora… qué tenía para decir y hacer ahí el psicoanálisis.

Especie de incompatibilidad en la que quedaba lo psicoanalítico y la realidad, éste respecto a las tragedias históricas en la vida de un sujeto. Cuestionamiento del quehacer analítico y el posicionamientos ético respecto a la apuesta que hacemos o no de un sujeto ahí, en términos de producción. Desde las implicancias de un sujeto efecto que emerge en el encuentro analítico, en ese espacio en donde actualizará las marcas posibilitando alguna inscripción de eso que quedó fuera, o movimientos en lo que ha construido como saber al lugar de una verdad.

Un primer acercamiento a la incompatibilidad mencionada anteriormente, pareciera articularse desde la posición y divulgación de un psicoanálisis que refiere todo a la novela edípica, a los clichés, y desde ahí, a lo simbolizable desde ese texto. Es interesante ahí mencionar, como al mismo Freud se le presentó como parte de los principales obstáculos a su clínica, las neurosis de guerra, desde las que conceptualizó la compulsión a la repetición, como ese más allá del principio del placer, del inconsciente reprimido, de lo novelado articulable.  Así es como vemos, ya desde los fundamentos freudianos, algo que escapa a lo encadenado vía recuerdos encubridores, a que hay algo que se presentifica en la experiencia, y que lleva al maniobrar, manejo, como caminos de ese quehacer, “seguirá siendo imprescindible el psic­­oanálisis practicado con arreglo al arte, no amortiguado, que no teme manejar y dominar en bien del enfermo las más peligrosas mociones anímicas” (Freud, 1915, pág. 174) A juicio de Freud, este era el mejor de la serie de trabajos que realizó sobre técnica, como nos señala Strachey en su nota introductoria. Lo imprescindible de un psicoanálisis practicado con arreglo al arte…convocándonos a una praxis creadora, creativa en tanto encuentro con la singularidad de cada analizante, dejándonos como técnica el manejar, maniobrar…hay algo de esa experiencia analítica ya desde Freud que escapa a toda precisión técnica, o más bien la precisión es justamente esa, crear ahí, en acto.

Desde este punto, el maniobrar, ubico la conceptualización de trauma articulada a ese más allá freudiano, en donde toma primacía para la situación traumática la vivencia de desvalimiento frente a una acumulación, de origen interna o externa, que no puede tramitar, la imposibilidad de tramitación, de inscripción. Desde este aspecto, como refiere María Cristina Olivares (2013), en “Hacer lugar a la memoria”, las pequeñas percepciones de la memoria traumática de la situación de parto que vivió B., durante su secuestro y tortura en la dictadura argentina, su desnudez, la falta de abrigo para su bebé, aumentaba su indefensión, ese desamparo radical, el hilflosigkeit  freudiano, falta de Otro protector, Freud habla de la pérdida del amor, lo que más radicalmente podemos ver como caída de todo referente, que pueda decir algo sobre eso que arrasa.

No estamos frente a una clínica tradicional, en la ilusión de que algo de ese orden existiera, puesto que esta suspensión, este fuera de historia, es lo principal puesto en juego en la clínica de lo traumático. Davoine, refiere al trabajo del analista en este tipo de clínica como asistentes de investigación, cronista responsable de una gesta silenciada, de esos pedazos de historia cercenados de la transmisión, justamente apuntando a un inconsciente más allá de lo reprimido, de lo articulable, “esos rasgos delinean situaciones en que los conceptos teóricos sobre el sujeto, el deseo y su represión deben ceder ante las características de otro campo: aquel donde Lacan ubica el retorno de lo Real” (Pág. 76)

El quehacer analítico, frente a hechos catastróficos, es en ese campo del retorno de lo real. Desde ahí es que señalo lo de la clínica tradicional, del sujeto de la palabra como ilusoria, en tanto real, simbólico e imaginario, no son sino anudados, presentificandose por ende el más allá de lo articulable en todo analizante, y desde ahí la contingencia de los encuentros de cada sesión, que ninguna sea igual a otra y la singularidad de cada anudamiento, con sus posibles lapsus y movimientos. Eso real que habilita una concepción de trauma como encuentro fallido, causa azarosa y contingente, accidental, vaciando así su conceptualización de sentido o significación del hecho en sí como definitorio de lo traumático. Tal como lo señala Lacan en la sesión V del seminario sobre los fundamentos del psicoanálisis (1964), lo real hay que buscarlo más allá de lo representable, y la función de la tyche, de lo real como encuentro, esencialmente fallido, ligado a lo que se presentó en la historia del psicoanálisis como trauma, en tanto inasimilable.

Hechos históricos que conmocionan y desbordan, desvalimiento, que marca, y qué hace el sujeto, en tanto situación traumática que lo desborda, con eso es lo que habilita en pensarlo desde ahí, desde lo real como imposible, indecible, pero presentificado como llamado a…mostrado a otro que habilite cierto decir de esto. Crear ahí, para esto me interesa revisar una parte del testimonio de Suzanne Hommel, quien se analizó con Lacan, y es parte de un documental realizado por el analista Gerard Miller:

“Un día en una sesión, le hablo a Lacan de un sueño que hago, todas las mañanas a las 5 hrs. Y le añado, es a las 5 hrs. que la Gestapo venía a tomar a los judíos a las casas… En ese momento, Lacan se lanzó como una flecha de su sillón hacia mi, y me hace una caricia extremadamente dulce sobre mi mejilla…Comprendí gest á peau un gesto cariñoso…un gesto cariñoso, un extraordinario gesto cariñoso. Esa sorpresa que recibí no había disminuido mi dolor, pero dejaba hacer otra cosa. La prueba es que 40 años después, cuando recuerdo ese gesto, lo puedo sentir en mi mejilla. Ese gesto es un llamado a la humanidad, algo como eso”

Tomando este fragmento, desde el artículo compartido por el analista Alberto Sladogna (2014), con ese gesto, ese crear ahí, hace con eso, con esa marca histórica desde la singularidad de Suzanne. Es interesante lo señalado por Sladogna, quien postula este acto como una mutación, en tanto es tomar apoyo en lo traumático y con eso, solo con eso hacer. "Lacan no dice, hace un gesto, ese gesto no borro el dolor, solo que Suzanne quedó con una mutación ante el dolor que ella sigue y seguirá viviendo. Las mutaciones no borran sino mutan, pasan a otra cosa con un material no discursivo".

Un hacer ahí, con lo remarcadamente crudo que pone esa mostración, desde la captura de un trauma siempre actual, en tanto detención del tiempo, esa guerra puesta ahí… Actualización habilitada en la experiencia subjetiva del análisis, que tiene que ver con la posibilidad de poner en juego ese sujeto efecto, apostando éticamente a esto, por más borramiento, arrasamiento, y anulación haya marcado su historia, haya cercenado su historia. Una invitación a esa experiencia subjetiva vía análisis, el poder abrirse a las preguntas que movilicen la cristalización del lugar de víctima del horror, como marca, siguiendo el caso B., primero como entrar dentro de eso campo del trauma, como entrar con ella, apostando a cernir, a hacer algo con ese dolor petrificado; como ese gesto, la caricia, que muta el dolor, no lo borra, pero moviliza su petrificación. Habilitar un entre; “recordemos que un psicoanálisis es posibilitador de un entre, de la construcción de cierta distancia psíquica necesaria a este trauma histórico que le posibilite hacer de esto algo memorable, ya transmisible” (2013, Pág. 5)

Así, el quehacer analítico en el campo del trauma, pareciera justamente tener que ver con que de la realidad del hecho abordamos desde lo real de ese encuentro, ese más allá de la palabra y el espejo; desde un estar ahí, en esa zona, ese campo, apostando a una experiencia subjetiva, que singularice y ubique ese entre, permitiendo así hacer algo con eso. Siguiendo a Davoine y Gaudilliere, refiriendo que los casos de traumatismo son un desafío a la clínica, en tanto el sujeto de la palabra no se ha constituido “es evidente que volver a ubicarse en la historia no se reduce a una cuestión de adaptación o conformismo social: es la condición de la emergencia del sujeto del deseo (…) La apuesta es, pues, la génesis del sujeto” (2011, Pág. 103).

Esto último me parece es la diferencia crucial respecto al trabajo desde lineamientos que se sostienen en el marco de políticas públicas vinculadas por ejemplo al trabajo con delitos violentos, contextualizado a la implementación de este programa en Chile, desde un modelo de técnicas psicológicas. Si bien es un amparo legal, el planeamiento de este dispositivo, público y gratuito para toda persona que ha experienciado una vivencia delictual violenta, el no caer en un para todos es justamente diferenciar desde el encuentro como apuesta a la emergencia de esa máxima singularidad, que es la emergencia del sujeto del deseo. Así, abrimos un poco un margen más amplio, ese entre, espacio entre delito como por ejemplo violación, efectos y lineamientos de tratamiento, saliéndonos de las técnicas frente a lo que ese trauma diría si lo trabajo desde una significación a priori.

Convocar, hacer partícipe, no sin ser parte de esa investigación, adentrándonos a ese campo, pero con la mira a convocar a la emergencia del sujeto del deseo. Punto a mi parecer, muy diferente a la concepción de “víctima de”, que no quiere decir desconocer el horror, pero hacer algo con eso y no seguir petrificándolo.

Referencias
Davoine F., Gaudilliere J. (2011). Historia y Trauma, la locura de las guerras. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Freud, S. (1915 (2008)). Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. En Obras completas tomo XII. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1926 (2008)). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas tomo XX. Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (1964(2007)). Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Olivares, M. (2013). Hacer lugar a la memoria. Material cátedra incidencia del discurso analítico en dispositivos públicos.

Sladogna A. (2014). Acto analítico ¿arte de la mutación?. Extraído de http://www.escucharte.info/2014/04/acto-analitico-arte-de-la-mutacion.html


martes, 20 de agosto de 2013

"Repetición". Columna radial de Hacer del Decir en Claves del Sur.






Esta vez, una vez más, otra vez, Hacer del Decir toma presencia en la voz... la columna radial del pasado 14 de agosto apuntó a la repetición... 

M. C. Escher nos mostró en imagen un problema del que se suele sentir en enredo, frente a la sensación de repetición de las cosas, de los hechos, de los efectos, de las situaciones; se suele ver como un callejón sin salida que, con la litografía de Escher, podemos preguntarnos ¿como se sale de un callejón sin salida? ...acaso por el mismo lugar por el que se entro... entre otros.

A partir de esta imagen es que se localiza la animación de Goo-Shun Wang en donde se transmite está sensación:



¿Porque colocar a la repetición como una sensación si es bien real, esta allí, en los hechos...una y otra vez presente, de nuevo? ¿De nuevo? !Sí! ¡De nuevo! Pero si es repetición ¿cómo puede acontecer algo (de) nuevo? La experiencia desde el psicoanálisis nos muestra lo que aparece como una paradoja: en la sensación de repetición hay un rasgo idéntico y algo nuevo: "no se puede uno bañar dos veces en el mismo río". Ello nos enfrenta desde otro lugar ante el destino, los designios y los laberintos sin salida...






luis.m.lascano@gmail.com




miércoles, 14 de agosto de 2013

"Repetición": Hacer del Decir Radio


Este miércoles 14 de agosto como cada quince días, Hacer del Decir hace surgir su presencia en la voz a través de su columna radial en el programa Desde el Vinilo, conducido por Alan Morado en la estación Claves de Sur. El tema: "repetición".

Para acceder al programa en vivo según tu zona horaria
haz clic en la siguiente liga:
www.clavesdelsur.com



sábado, 3 de agosto de 2013

La media naranja: Una maldicción que nos hace hablar.


La maldición del ser humano: ¡ser hablante!
Es ésta mal dicción la que nos hace vincular, aparejarnos, entrar en pareja y desparejarnos... andar disparejos, ser dispares... "La media naranja" es una forma de decir a la relación de disparidad aparejada, del anhelo ilusorio e impulsador de movimiento y búsqueda, de conflictualidad y erotismo... de encuentro con un otro... de goce y deseo.


Es así que en nuestra columna quincenal, en el programa Desde el Vinilo, esta vez izamos la vela para embarcarnos con música, dialogo y diversión...







Para escuchar el programa del pasado 31 de julio da un clic aquí.







Con la presentación de Alan Morado de la estación Claves del Sur y la participación de Lorena Alvarez y Luis Angel Mendoza por parte de Hacer del Decir.

domingo, 26 de mayo de 2013

De lecturas a lecturas "Maldecir la psicosis" de Leonardo Leibson y Julio Lutzky


"Una sumisión completa, aún cuando sea enterada, a las   posiciones propiamente subjetivas del enfermo"
                Lacan, J. "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis", Esc. 2
El encuentro directo con el decir "loco", "psicótico", me fue pareciendo muy distinto a lo que había escuchado sobre los locos en mi formación académica. Ese casi temor con el que había que acercarse a la psicosis, desde lo imperioso de un diagnóstico diferencial para no provocar su desestabilización, movilizando un brote desde alguna interpretación, dada su incapacidad de metaforizar, de hacer chistes, etc. Una lista enorme e inacabable de "no", que me dificultaba ubicar ahí, en esa lectura deficitaria, algo de escucha a su decir, a la singularidad además con la que se presenta cada uno de éstos, y de poder entrar en el juego, y no sólo catalogarlo desde afuera y observarlo como en un museo, como algo sin vida. El darle vida se evidencia en el equívoco al que el título del libro nos remite, MALDECIR, en tanto imposibilidad estructural de un bien decir, siendo condición del psicoanálisis poner a jugar  diversas aproximaciones conceptuales desprendidas al hacer clínica de la experiencia analítica, estando más bien del lado de la transmisión en ese sentido, y no de una enseñanza de certezas. Por otro lado, el carácter performativo de maldición, conlleva en si mismo el movimiento propio del acto, pues es un decir que en si mismo, al enunciarse, tiene la dimensión de acto. En el momento de mal/decir se mal/dice, que en este caso es un decir que llama al mal, y que involucra a un otro que maldice, que condena, marcando una suerte de destino que pareciera escapar al sujeto. Ahí es donde el analista, viene a escuchar este mal decir de cada paciente, pues no hay un para todos, un bien decir, y a su vez posibilita un hacer con eso mal dicho, con esa especie de destino que se moviliza desde su componente azaroso, contingente, puesto en juego en cada encuentro analítico. 
Este texto justamente me llevó a encontrarme con el cuestionamiento en relación al lugar que le otorgamos al decir del psicótico, las consecuencias de comprender la psicosis desde el "no hay", y desde ahí pretender dar lugar a cierta singularidad. Vislumbrar las posibilidades de escucha y lectura que permite "el considerar al psicótico como alguien que habla una lengua extranjera, lo cual es evidentemente distinto a decir que no habla o que no puede hacer nada con lo que dice" (Leibson, p. 17). Una posibilidad de ir más allá del "no opera el nombre del padre", y su consecuente limitación a un listado de lo que no tiene en relación a la neurosis.

Les dejo una invitación a adentrarse en una lectura riquísima en abrir y reabrir polémicas a este respecto, siendo mi hilo personal desde el que estoy recorriendo este viaje, el cuestionarme desde el "si hay" de la psicosis, de su decir, el abrirme la pregunta por lo que lo moviliza, específicamente en este encuentro "delirante" que se vive en la experiencia analítica, atreviéndome a preguntarme por su deseo, y no cerrando este cuestionamiento de antemano desde un "no hay" que limita y ensordece. El libro recorre estas polémicas desde los ejes de la transferencia, el cuerpo y el significante, abriendo posibilidades de encuentro, "si estamos dispuestos a dejarnos enseñar. O sea, a dejarnos sorprender por el extravagante extranjero que nos formula una pregunta (aunque a veces esa pregunta amenace con derrumbar todo el edificio). Si podemos considerar lo que si hay en el decir psicótico" (Leibson, p. 19)...Vale la pena la apuesta, en tanto a mi parecer, desmomifica, poniendo en movimiento más allá de las construcciones dogmáticamente establecidas, y eso se agradece!! 


Leibson, Leonardo; Lutzky, Julio
1° ed., Buenos Aires, Letra Viva, 2013


Lorena Álvarez
lorenapaz.alvarez@gmail.com

jueves, 7 de febrero de 2013

De decisiones...por esas pasiones


Implicarte, tomar parte en la justa medida de esa incertidumbre que es la vida. Apostar por eso que creemos nos apasiona es de alguna manera un salto al vacío, un arrojarse sin saber, solo con la certeza de algo que impulsa, que insiste, cayendo muchas veces en lo irracional, sabiendo sólo que insiste.

Y así es como emprendemos un viaje, en el que justamente dejamos de ser turistas cuando nos vemos en esa implicancia, en esa revisión de las decisiones que nos llevaron hasta determinado lugar, y que ahí nos tienen, haciéndonos viajeros de ese recorrido sin guía turístico ni lugares recomendados, todo lo contrario, visitando incluso en muchas ocasiones lugares que no son gratos, en donde aparece el miedo, y nos hacen tambalear.

Es ese viaje, para el cual no es necesario salir de nuestras tierras, en el que justamente pasamos a ser extranjeros, y qué más difícil que ser extranjero en tu propia casa…Pero el viaje ya está emprendido, el impulso sigue, y lo que a veces se recubre pero sigue ahí, como telón de fondo de la historia que entretejemos es la pasión, eso que nos movilizó. Cómo no cuestionarlo, cómo no querer volver, como si se pudiera, a ese regazo desde el cual salimos, en los momentos en que se hace cada vez más difícil soportar aquello de lo que quisimos tomar el mando…nuestra vida.

Justamente ahí es donde radica el más sutil y mayor de los engaños,  cómo hacernos cargo de algo de lo que sólo ilusamente somos agentes? Cómo mantener las fuerzas cuando el destino pareciera imponerse de manera aplastante?...lamentablemente aún no encuentro la respuesta,  y no creo que la encuentre, más bien, creo poder vislumbrar ciertas diferencias con tomar este viaje o seguir siendo turistas de lo que vemos, como por fuera de nosotros.  Una y la más radical, es que pese a todo el agobio que esto conlleva, nunca había conocido algo tan fuerte y movilizante como apostar a una pasión,  y si, no sabemos si llevará a buen puerto, si no estamos quizás locos, casi con la fuerza insistente de un delirio, incuestionable, pero sólo el poder sentirla luego de tanto tiempo de vivir observando asegurada y pasivamente es impagable…pase lo que pase y con el miedo que esto implica…


Lorena Alvarez
lorenapaz.alvarez@gmail.com

domingo, 3 de febrero de 2013

Doming-arte “NO”




Película chilena del 2012, dirigida por Pablo Larraín, y nominada a los premios Oscar como mejor película extranjera.  La historia a la cual esta película nos convoca está circunscrita en el momento en el que, luego de 15 años de dictadura militar en Chile bajo el dictador Pinochet, dada las presiones internacionales, se convocara a un plebiscito ciudadano para su permanencia en el poder en el año 1988. Así es como la historia gira en torno al movimiento publicitario de las campañas de la franja del Sí y el No, y cómo ésta última, bajo el protagonismo de Gael García interpretando al publicista a cargo, René Saavedra, va tomando una dirección en la cual el lenguaje de la política y el mercado se entremezclan, posibilitando un triunfo que ni los propios representantes de los diversos partidos que conformaban la oposición a la dictadura veían posible.

Dolor, silencio, temor, orden, control, trabajo, futuro, diversas aristas que este film nos muestra, la posibilidad de un hacer, de contar con un espacio de 15 minutos diarios en la televisión abierta durante el período de campaña, y orientarlo desde la lógica publicitaria, con el famoso jingle[1] que tanto resonó y movilizó en esa época “Chile, la alegría ya viene” “Vamos a decir que no”, con la alegría como valor universal siendo su irrefutable soporte y motor esperanzador que permitiera el atreverse a votar y decir NO!

Si bien la película puede convocarnos desde diversos lugares, particularmente les comparto una reflexión de esas que hacen tan especial el compartir y discutir con una buena compañía una película. Cuáles son las consecuencias de ese horror y temor que nos paralizó como país, nos paralizó en cuanto a diversidad de ideologías, a sacar la vos, con esto recuerdo en particular la escena en la que René ve la primera campaña que estaba haciendo la franja del No, y pregunta ¿no hay nada más? argumentando que con eso no iban a ganar, surgiendo como pregunta de uno de los compañeros políticos si alguien de los presentes creía en que ganarían, a lo que responden que no. Creo que esa escena en particular muestra cómo fue necesario disfrazar una verdad, dolorosa, paralizante, por una promesa puesta desde la lógica del mercado, desde lo que vende.


En palabras del propio director, en relación a las consecuencias de este momento histórico «Ahora, ¿es sólo la derrota de Pinochet o es también la victoria del modelo de Pinochet? Esa ambigüedad creo que es la concepción de la película». Un punto que me parece interesante a reflexionar, pues por un lado tenemos el fin de la opresión militar, pero no es menor pensar, por ejemplo, en cuantos años tuvieron que pasar para que se volviera a movilizar en Chile un grupo importante de personas, que manifestaran su descontento, sus demandas de una mejora educacional, y no seguir cayados, funcionando como país ordenado, “de los de mayor confianza para la inversión de otros países”. Me lleva a cuestionarme mucha cosas, a emocionarme con ese momento de liberación de mi país, y a pensar a la vez si no fue más bien el no a la dictadura, pero el sí a la libertad de mercado y al modelo implementado por ese dictador que, luego del plebiscito, siguió siendo hasta 1998 comandante en jefe del ejército, que tuvo que ser juzgado en otro país, y que no recibió pena alguna dado su “Estado de salud”, muriendo en el 2006. Su muerte refleja esta ambigüedad, en la que recuerdo las imágenes en que parte importante del país celebraba, y otra parte no menor hiciera filas eternas para despedirse de su general. Más allá de él, pensar en cómo introdujo el discurso capitalista y acalló las ideologías, me lo ha permitido ver mi inmersión en otras culturas, en su cotidiano, con sus movimientos y caos en los que la gente habla, dice, y se enjuicia. Algo que desde el movimiento de los pingüinos parece estar cambiando, como una promesa y acción desde nuevas voces que van perdiendo el miedo.

Lorena Álvarez
lorenapaz.alvarez@gmail.com




[1]El jingle es un anuncio cantando en el que el producto y el nombre del anunciante son los protagonistas; de este modo se consigue que la marca sea fácilmente recordada. La creación de los jingles es confiada a profesionales y es fruto de estrategias de mercado.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Responsabilidad y elección frente a eso que nos determina


“El psicoanalista sin duda dirige la cura. El primer principio de esta cura es que no debe dirigir al paciente. La dirección de consciencia, en el sentido de guía moral que un fiel del catolicismo puede encontrar, queda aquí radicalmente excluída”
(Lacan, 1958)
Desde las primeras elaboraciones freudianas, vemos que el psicoanálisis se va conformando en relación a una experiencia que se instala desde un lugar diferente en la relación con el paciente, poniendo justamente en cuestionamiento lo que etimológicamente nos remite esta palabra, patiens, sufriente, sufrido. Tempranamente Freud marcó la ventaja de que el neurótico cambie su postura respecto de su padecimiento, admitiendo alguna participación suya en la situación en que se encuentra, movilizándolo de la posición de sufriente. Es principalmente desde mi experiencia como analizante, en donde surgió con la conmoción no menor que esto implicó, el cuestionamiento respecto a que, para que este movimiento ocurra, algo de un hacerse cargo o responsable es fundamental.
Cómo conjugar responsabilidad y determinación inconsciente…una paradoja, que ya la palabra en si, responsabilidad, pone en el tapete. Revisando las definiciones de la RAE, aludimos con este término a deuda, obligación de reparar o satisfacer; carga u obligación moral, definiciones anudadas a un deber ser bajo ciertos patrones que lo delimitarían, hacia los que habría que encaminar lo que se escapa de la “normalidad”, como directriz a seguir.