domingo, 2 de junio de 2013

Doming-arte: De un acto con ¡fuerza brutal!


El día de ayer tuve el gusto de presenciar el espectáculo llevado a cabo en el Centro Cultural Recoleta de "Fuerza Bruta". Debo confesar que en un primer momento sentía una mezcla de emociones, entre felicidad por estar ahí, nervios y hasta un poco de angustia por lo que estaba a punto de acontecer. El show hace que el espectador esté a la espera. Todos sabíamos que algo grande estaba a punto de empezar, pero al menos yo no tenía una pista clara de qué.
¿Qué esperamos cada vez que se levanta el telón,
sino ese breve momento de angustia?
                                                         
                                                                -PRIMERA LLAMADA

 En su seminario "La angustia", Lacan nos indicará que es ese breve momento de angustia, previo a la apertura del telón en el teatro, el que después determinará el valor de la obra a la que estamos asistiendo.
¿Qué ocurre una vez que se levanta el telón? El primer acto ha comenzado. ¿Qué es lo que nos atrapa de ése momento previo? ¿Por qué sentimos angustia ante el comienzo del primer acto? ¿Qué relación guardan la angustia y el acto?

Entre los años 1962 y 1963, Lacan dedicará todo su seminario a hablarnos acerca de la angustia,  e indicará que su verdadera sustancia es lo que “no engaña”.  En éste sentido, la teoría de Lacan pasará de la idea de angustia como señal ante un peligro, a la dimensión estructural que ésta manifiesta, es decir su relación con el deseo.

Lacan nos dirá: “la angustia, de todas las señales, es la que no engaña. De lo real, pues, del modo irreductible bajo el cual dicho real se presenta en la experiencia, de eso es la angustia señal”.

La angustia revela algo que el significante no puede, no se refiere al significante engañoso, que solamente se define en relación a otro significante y que se desplaza en la cadena, sino a la captura de un real por el afecto. “La angustia está amarrada a ese real de forma doble: es producida por él, y él es su referente inamovible, por así decir. De ahí la fórmula central del seminario: la angustia no es sin objeto”.

EL PROCESO DIAGNOSTICO Y SU RELACIÓN CON EL SÍNTOMA EN PSICOANÁLISIS.




La pregunta sobre el diagnostico surge de las diferentes miradas y opiniones que se escuchan en los salones de clase y en los pasillos sobre este tema en el psicoanálisis. No se encuentra una línea clarificadora y a veces se llega a entender que se le resta importancia al diagnostico en el dispositivo analítico.

En “introducción al método psicoanalítico”, Miller dice: “en nuestro medio cuando se habla de diagnostico se piensa en el diagnostico psiquiátrico, caracterizado casi siempre por una supuesta objetividad”[1]

Mi postura sobre el tema es mantener su valor e intentar ubicar de la mejor manera lo que se entiende sobre diagnostico en psicoanálisis, ubicarlo como un proceso. Un proceso en el cual nos ubicamos del lado del sujeto, es decir, un intento de rastrear la posición del sujeto ante su malestar, su posición de goce. La posición  ante aquello que lo avasalla.

I


En el texto “singular, particular, singular”, Lombardi aclara tajantemente la importancia de lo particular en el dispositivo analítico, además de la necesidad en el proceso diagnostico de situar el síntoma desde el sufrimiento singular y ubicarlo en sus categorías particulares.

Nos muestra cómo en la paranoia lo singular cosifica al sujeto en el sentido que se “siente objeto de deseos del Otro que lo perjudican”[2], donde su posición es de defensa, en tanto interpreta que el Otro quiere gozar de él, gozar de forma que no acepta y responde con su rechazo al lazo social. Su posición es radical en tanto su singularidad es vivida como tal, “dejando por fuera el registro tranquilizador del para todos”[3].

Por el contrario, en el neurótico este sentimiento de singularidad no lo alivia de sentirse víctima de lo universal, en el sentido de padecer constantemente a causa de los Otros encarnados en los padres, gobierno, esposa. En el neurótico, al contrario del psicótico, lo atormenta, lo cosifica la particularidad de su síntoma en tanto lo hace pertenecer a una clase.


jueves, 30 de mayo de 2013

COLOMBIA Y VENEZUELA, UNA DISCUSIÓN ETERNA.




Preguntas y dudas se me ocurren cuando veo y escucho las declaraciones de los gobernantes venezolanos, presidente incluido. Desde hace muchos años no sentía la necesidad de aclarar mis palabras y excusar a los que me rodean diciendo que es a modo personal y singular que pregunto. Se hace difícil hablar de política cuando se siente, seguro esa sensación es solo mía, cuando se siente que si uno es un opositor de algún gobierno socialista o alguno de izquierda se es tachado de enemigo, ignorante, golpista. Efectos de la división política de un país.

En Colombia lo hemos vivido, no es posible decir en un bar que uno apoya las posturas políticas de la guerrilla, o que se es de izquierda. Guerrilla en Colombia es sinónimo de narcos y asesinos, una desfiguración que la guerrilla Colombiana logró hacer de eso de ser guerrillero, cosa que al parecer solo pasa en Colombia.


domingo, 26 de mayo de 2013

De lecturas a lecturas "Maldecir la psicosis" de Leonardo Leibson y Julio Lutzky


"Una sumisión completa, aún cuando sea enterada, a las   posiciones propiamente subjetivas del enfermo"
                Lacan, J. "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis", Esc. 2
El encuentro directo con el decir "loco", "psicótico", me fue pareciendo muy distinto a lo que había escuchado sobre los locos en mi formación académica. Ese casi temor con el que había que acercarse a la psicosis, desde lo imperioso de un diagnóstico diferencial para no provocar su desestabilización, movilizando un brote desde alguna interpretación, dada su incapacidad de metaforizar, de hacer chistes, etc. Una lista enorme e inacabable de "no", que me dificultaba ubicar ahí, en esa lectura deficitaria, algo de escucha a su decir, a la singularidad además con la que se presenta cada uno de éstos, y de poder entrar en el juego, y no sólo catalogarlo desde afuera y observarlo como en un museo, como algo sin vida. El darle vida se evidencia en el equívoco al que el título del libro nos remite, MALDECIR, en tanto imposibilidad estructural de un bien decir, siendo condición del psicoanálisis poner a jugar  diversas aproximaciones conceptuales desprendidas al hacer clínica de la experiencia analítica, estando más bien del lado de la transmisión en ese sentido, y no de una enseñanza de certezas. Por otro lado, el carácter performativo de maldición, conlleva en si mismo el movimiento propio del acto, pues es un decir que en si mismo, al enunciarse, tiene la dimensión de acto. En el momento de mal/decir se mal/dice, que en este caso es un decir que llama al mal, y que involucra a un otro que maldice, que condena, marcando una suerte de destino que pareciera escapar al sujeto. Ahí es donde el analista, viene a escuchar este mal decir de cada paciente, pues no hay un para todos, un bien decir, y a su vez posibilita un hacer con eso mal dicho, con esa especie de destino que se moviliza desde su componente azaroso, contingente, puesto en juego en cada encuentro analítico. 
Este texto justamente me llevó a encontrarme con el cuestionamiento en relación al lugar que le otorgamos al decir del psicótico, las consecuencias de comprender la psicosis desde el "no hay", y desde ahí pretender dar lugar a cierta singularidad. Vislumbrar las posibilidades de escucha y lectura que permite "el considerar al psicótico como alguien que habla una lengua extranjera, lo cual es evidentemente distinto a decir que no habla o que no puede hacer nada con lo que dice" (Leibson, p. 17). Una posibilidad de ir más allá del "no opera el nombre del padre", y su consecuente limitación a un listado de lo que no tiene en relación a la neurosis.

Les dejo una invitación a adentrarse en una lectura riquísima en abrir y reabrir polémicas a este respecto, siendo mi hilo personal desde el que estoy recorriendo este viaje, el cuestionarme desde el "si hay" de la psicosis, de su decir, el abrirme la pregunta por lo que lo moviliza, específicamente en este encuentro "delirante" que se vive en la experiencia analítica, atreviéndome a preguntarme por su deseo, y no cerrando este cuestionamiento de antemano desde un "no hay" que limita y ensordece. El libro recorre estas polémicas desde los ejes de la transferencia, el cuerpo y el significante, abriendo posibilidades de encuentro, "si estamos dispuestos a dejarnos enseñar. O sea, a dejarnos sorprender por el extravagante extranjero que nos formula una pregunta (aunque a veces esa pregunta amenace con derrumbar todo el edificio). Si podemos considerar lo que si hay en el decir psicótico" (Leibson, p. 19)...Vale la pena la apuesta, en tanto a mi parecer, desmomifica, poniendo en movimiento más allá de las construcciones dogmáticamente establecidas, y eso se agradece!! 


Leibson, Leonardo; Lutzky, Julio
1° ed., Buenos Aires, Letra Viva, 2013


Lorena Álvarez
lorenapaz.alvarez@gmail.com