martes, 14 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
De Alberto Sladogna: "Presidente Schreber" ¿Prisionero del gran Otro -Dios-?. Un apunte introductorio por Luis Mendoza
“Por
lo tanto me es necesario explicar mis recientes
revelaciones espirituales a fin de que puedan ustedes
entender el por qué de mi
comportamiento.”
revelaciones espirituales a fin de que puedan ustedes
entender el por qué de mi
comportamiento.”
Daniel P. Schreber
Las “Memorias de un enfermo de
nervios” ¿De qué habla? ¿De unas memorias o de una enfermedad? Son los escritos de una experiencia que en efecto relatan hechos subjetivos y no de una enfermedad, hay que
puntualizar, no es una denegación, es cuestión de la oración. Si leemos una
portada que dice “Memorias de un analista” esperamos que hable de unas memorias
de una función y no de otra cosa, en efecto, para cada lector, quien escribió las memorias devendrá,
en suspensión, escritor o analista u otra cosa; pero ese que advino para cada lector no es el escritor que escribió
unas memorias, es el que devino efecto de una producción. ¿Hace falta dejar identificado al Dr. Schreber con el adjetivo que calificó al estado de la narración de sus memorias? Esa es una operación de cada lector...
Alberto Sladogna en su artículo
dice que “hemos cometido una cantidad de abusos “psi” encubiertos con términos de
psicopatología… y de un saber simbólico…”, aquí una cuestión a la que quiero
apuntar pues, si el abuso es en relación al campo psi por esa fijada terminación
que los lectores hacemos para con el escritor [en suspensión (es decir que no está dado de antemano sino en efecto de una producción)] para hacer
entrar en unas series psicopatológicas del conocimiento la suscripción de “un
enfermo de nervios” y así ejercer ese “abuso” ya no solo frente al autor -efecto
de una experiencia y en tanto escritor de unas memorias- sino frente al
significante. Echemos mano pues de un efecto movilizador, y es que, en el siglo
XX emergieron producto de la barbarie civilizadora: los testimonios.
El testimonio es un tema que se
ha desarrollado en diversas disciplinas y en el psicoanálisis, pero que me
parece ha dejado fuera a ciertas figuras y la del Presidente de la Corte de
Apelaciones de Dresde Dr. Daniel Paul Schreber es una de ellas. Giorgio Agamben
(1998) nos dice acerca del testigo que “hace referencia a alguien que ha vivido
una determinada realidad, ha pasado hasta el final por un acontecimiento y está,
pues, en condiciones de ofrecer un testimonio de ello”, la posición de testigo y
relatar un testimonio –objeto- ¿acaso no va afín con la dimensión de un Presidente
de la Corte? Aparte de ello, el relato de unas memorias de una experiencia –como
lo muestra la bibliografía del el s. XX- hacen de ese relato, un testimonio.
Una operación de saber y verdad
hay en esas narraciones. Un testimonio
intencional, con una intención para algo, hacia alguien, hacia un Otro bajo la manera de reportar un hecho
introduce dos cosas: un principio de credulidad (de quien le escucha, de quien le lee) y
la posibilidad de la mentira (pudiendo encontrar cabida allí). En un testimoniar para no puede conducirse a un saber pues el
conocimiento del testigo está condicionado por la fe de quien le escucha y por
definición, ésta fe no puede ser constitutiva de un saber, sino de una
creencia. Sin embargo, un testimonio
inintencional es un relato de algo sucedido, de una experiencia o –como escribe
Jose Attal (2012)- un testimonio “es el lugar mismo de la experiencia” donde el
testigo es tomado por el efecto del testimonio (objeto) y vuelca a otra cosa -¡¿Daniel
Paul Schreber pasa de un enfermo de nervios a un escritor a través del
testimonio que nos relata en sus memorias?!- pues, el testimonio bajo la manera de hablar de lo ocurrido de
una experiencia… de unas memorias, coloca al hablante en una posición en
donde transmite esa experiencia, ese objeto no es sabido porque nos lo dan a
saber (allí entraría al lugar la creencia), sino porque leímos acerca de él, “es
porque no pretendieron decirnos la verdad, que pudieron hacérnosla saber” escribe Stéphane Chauvier (2005),
en tanto que si pretenden decirnos la verdad, estamos condenados a creerla:
“Así, la singularidad del objeto del testimonio hace que al testimoniar no revele directamente una verdad a otro, sino que no hago más que darle la posibilidad de encontrarse en la experiencia de esta verdad. Dicho de otro modo, el testigo [el hablante, el escritor, el Dr. Schreber] no enseña, transmite una experiencia y permite a los otros dejarse enseñar por esta experiencia.”
Luis Mendoza Lascano
"Presidente Schreber"¿Prisionero del gran Otro -Dios-? por Alberto Sladogna
Ninguno de los
conceptos de psico-patología - por lo mismo
y sobretodo en el juego implícito de las retrospectivas-
no debería ejercer el lugar de organizador.
y sobretodo en el juego implícito de las retrospectivas-
no debería ejercer el lugar de organizador.
Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica.
En Holanda las iglesias, lugares de una arquitectura particular, están siendo transformadas en bibliotecas, en bares, en restaurantes, en discotecas. ¿A qué se debe esta transformación? Ver las fotos y el vídeo al final de este texto.Tomemos un trazo de estilo: las Iglesias eran construidas de tal forma que cada quien al entrar en ella ve como sus ojos -su vista, su mirada- son conducidos hacia lo alto, lugar donde la Iglesia Católica Apostólica Romana ubicó -y ubica- a Dios a la luz que emana de él. Quizás la experiencia holandesa permite hacer una pregunta :Si las Iglesias cierran, una forma de ubicación de Dios se ha tranformado ¿En qué...?
Foucault
estableció con pertinencia Las palabras y las cosas, es
decir, en cada época hay palabras, enunciados -"El domingo es el día en
Dios descansa"- y cosas que se dan a ver. Las Iglesias generarón
-quizás todavía generen- un régimen de la luz que proviene desde lo alto.
Todo lo que se hace en una época solo puede hacerse si sale a la luz. ¿Cuál es
la luz que surge con el siguiente vídeo y las fotografias que se muestran a
continuación? Las cosas visible por ser tales no pueden reducirse a un
significado, así como los elementos enunciados son irreductibles a tal o cual significante.
Recordemos lo que nos metieron a sangre, sudos y lagrimas en la escuela
primaria: aquí están las cosas y estas son las palabaras. Foucualt quizás
extrajo de esa experiencia el título de Las palabras y las cosas.
Lo
que se ve no reside en lo que se dice y viceversa.Son reciprócos, no hay un
registro que domine sobre el otro. En el psicoanálisis se presentó gracias a
Jung y a Freud, el despliegue de un teólogo especial, el Doctor en Derecho,
Daniel Paul Schreber. Sus formulaciones teológicas están editadas, en México se
cuenta con una edición Memorias de un enfermo de nervios (Ed.Sexto
Piso) extraordinaria crónica de la experiencia, que él vivió y que escribio
y que firmó como presidente de la Corte de Apelaciones de Dresde, Daniel Paul
Schreber.
Esa edición, así como otras en castellano y en otras lenguas, es víctima de un prejuicio psquiátrico, psicológico y psicoanalítico ¿Cuál? El Dr.Schreber no estaba enfermo de nada, el "enfermo" era Dios y el Dr. Schreber dedicó una cantidad de años de su vida para reestablecer a Dios del malestar que lo aquejó.
Una anécdota ilustra los malos entendidos con el Dr. Schreber, cuando Sexto Piso inicó sus labores fui consultado sobre cómo hacer el tramite para adquirir los derechos, esa comunicación abrió un terreno compartido. En efecto, trataban de cobrarles una suma no solo abusiva, sino que además, así se ponía en riesgo la edición misma. Si, ante la experiencia del Dr. Schreber hemos cometido en el psicoanálisis una gran cantidad de abusos "psi..." encubiertos con términos de psicopatología -Freud- o de un saber simbólico -Lacan- presentados como "psicopatología" -la maldita forclusión -.
La edición mexicana en su segunda edición de este libro canónico incluye los siguientes textos: «Nota sobre los lectores de Schreber», de Roberto Calasso; «Observaciones psicoanalíticas de un caso de paranoia» de Sigmund Freud; «El caso Schreber» de Elias Canetti.Subrayo los escritores captaron muy bien la experiencia mística, teológica vivida y narrada por Schreber. Él veía como se opacaba o se difuminaba o se apagaba la luz de Dios ¿Estaba debil Dios?.
¿Cuál
era el nudo de estos embrollos suscitados por la experiencia del Dr. Schreber?
Jean Allouch ha desplegado el tema en sus dos recientes textos -cito aquí uno
de ellos.: Schreber
Thélogien. L'ingérence divine II- ubica que su investigación debe mucho a
una actividad titulada: Schreber Président (ed.Fage,
col."Actifs",Lyon,Francia,2006). En esa actividad está presentado el
núcleo o hueso duro de roer que a muchos nos llevó, durante un tiempo ha
rechazar esa experiencia: El Dr.Schreber firmó susMemorias de mi malestar
nervioso, las firmo como Presidente del Tribunal, él no sufría por firmar.
Esa debilidad de Dios tiene efectos sobre la Iglesia. Aquí dos preguntas y las respuestas de Leonardo Boff, teólogo, miembro notable de la Teología de la liberación:
Esa debilidad de Dios tiene efectos sobre la Iglesia. Aquí dos preguntas y las respuestas de Leonardo Boff, teólogo, miembro notable de la Teología de la liberación:
–Usted
dijo hace poco que Ratzinger se fue porque se dio cuenta de que ya no tenía
fuerzas para imponer el modelo de Iglesia que pretendía.
–Creo
que hay varias razones. Una más subjetiva y personal, que era recristianizar
Europa para, desde allí, irradiar al mundo; no resultó. A los europeos ya no
les interesa el cristianismo, lo tiene a sus espaldas. Los ayudó a crear la
cultura, las naciones, pero no es una fuente de inspiración, lo consideran muy
medieval, muy antimoderno, no tiene democracia ni Derechos Humanos. Lo otro es
que su proyecto de Iglesia –que yo lo escuché en clases con él, pero tiene su
origen en San Agustín– también fracasó. Él piensa que todos los seres nacen en
pecado original por la relación sexual que transmite la vida, por lo cual toda
la humanidad está condenada. Pero Dios tiene piedad y pone una célula a partir
de la cual todo se puede salvar. Esa célula que es como una pequeña iglesia.
–Pero
esa célula está totalmente podrida.
–Ahí
está el problema, que el Papa se da cuenta de que esa célula está llena de
ladrones, de homofóbicos, pederastas, el Banco Vaticano y todo eso. Ve que
había un cáncer con metástasis en el cuerpo eclesial de la curia y que
físicamente no tenía fuerzas. Ahí yo vi su dimensión ética, su gran humildad de
crear espacio para que venga otro y, a la vez, dar una bofetada a la curia
romana. Deja un relatorio de 300 páginas sobre todo lo que ocurre y otro vendrá
con más fuerza a curar eso.
Regresemo al tema y las cuestiones formuladas por el Dr. Schreber. Les sugiero ver en youtube: Memoirs of my nervous ilness, http://youtu.be/2JB3tm8bJNE Hemos proyectado el filme en Buenos Aires,Argentina; en Querétaro, en Saltillo, en fecha próxima en Guadalajara,en Morelia, en Monterrey Mexico. A ese filme anudo un tema que el Dr. Schreber sufrió en carne propia, en la carne de su testimonio se trata de esta ocurrencia:
Cuando se habla a Dios, eso se llama plegaria, cuando
Dios les habla [a usted], eso se llama
esquizofrenia.(Zvi Lothane, Schreber et la paranoia, 1996)
Aquí
los vídeos y las fotografías que muestran y enuncian cuestiones relativa a Dios
en estos tiempos ¿sin luz de Dios?
miércoles, 8 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
¡Felíz cumpleaños Dr. Freud!
Un día como hoy (6 de mayo) de 1856, nacería el que después se convertiría en el inventor del Psicoanálisis. A 157 años de su nacimiento y 74 de su muerte, S. Freud sigue dándonos de que hablar. No solamente inventó algo que revolucionaría la atención en salud mental de su época, sino que también fue el autor de una extensa obra literaria que aún hoy en día sigue causando polémica, abriendo debates y atrapando a sus lectores con sus idas y vueltas. Sin duda alguna, una de las mejores formas de recordar su legado y de permitir que éste siga vigente es seguir cuestionándolo. Más que una teoría acabada y cerrada, la obra de Freud, nos permite leer y releer cada texto como si fuera la primera vez. Continuar abriendo interrogantes y cuestionamientos más que cerrando respuestas y conclusiones permite que cada uno de los textos sigan teniendo vida más allá de la muerte de su autor.
En éste día, solamente nos queda decir:
¡Felíz cumpleaños! Dr. Freud.
Natalia Sladogna
natalia.sladogna@gmail.com
viernes, 3 de mayo de 2013
(re)PETICIÓN
“Nadie puede
dudar de que las cosas recaen,
un señor se enferma y de golpe un miércoles recae
un lápiz en la mesa recae seguido
las mujeres, cómo recaen
teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer
pero lo mismo está sujeto
sobre todo porque recae sin conciencia
recae como si nunca antes”
un señor se enferma y de golpe un miércoles recae
un lápiz en la mesa recae seguido
las mujeres, cómo recaen
teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer
pero lo mismo está sujeto
sobre todo porque recae sin conciencia
recae como si nunca antes”
(Fragmento extraído de
“Me caigo y me
levanto”
Julio Cortázar)
En el cuento aludido, J.
Cortázar hará mención de aquello que nos
ocurre en la vida, en donde sin saberlo
ni controlarlo, repetimos los mismos
actos, caemos en las mismas trampas en las que una vez habíamos caído, se recae sin conciencia, como si nunca antes
se hubiera ya caído.
La repetición en tanto tal, no siempre es sufriente, ¿por algo será que repetimos?
Como en el vídeo, algo del deseo es mostrado en la repetición, algo del sujeto está puesto en juego y seguramente también algo de un poco de goce.
Un sujeto que ama y que solamente quiere volver al lugar de su amada, encontrando que no siempre es el mismo lugar al que se vuelve, probablemente espera construir algo nuevo con ese encuentro. En éste sentido, la repetición también nos muestra la novedad, lo distinto pues entre una y otra cosa algo aparecerá que hará cambiar la inercia repetitiva.
Cuando una mujer dice: ¡no entiendo porque siempre me consigo hombres que me engañan!
El engaño puede ser un factor en común entre los hombres que ella se consigue, ¡pero no son los mismos hombres! y probablemente no es engañada de la misma forma con las mismas amantes.
En éste sentido al repetir, dar una vuelta más sobre el objeto, siempre queda un resto, algo inhaprensible que separará una repetición de la otra y que hará que no sean la misma cosa. Y es ésto mismo lo que nos condenará a seguir repitiendo ese: pero no era eso.
Ahora bien, no es raro encontrar que las personas llegan a nuestro consultorios preguntándose por esa repetición que ahora les ha hecho signo de algún malestar. Como analistas, es mediante el manejo de la transferencia o el amor (¡¿transamor!?) que podemos dar una vuelta nueva frente a la repetición. Lacan ya lo puntuaba: ¡La transferencia no es la repetición!
La
transferencia permite el despliegue de
la repetición, la moviliza, en tanto
pone en juego la pulsión y sus modos de satisfacción paradójicos (el goce). Se
ofrece como una forma de intervención frente a
esa neurosis de destino que ha descrito J. Cortázar en su cuento,
pues “la repetición verifica, reitera en
cierto modo una especie de callejón sin salida propio de la estructura del
sujeto, traducido, en el plano de los fenómenos, por un no es eso: el encuentro
no se produce pero, para un sujeto, siempre fracasa de la misma manera” (Soler, 2010).
Cuando
un paciente llega a sesión con la queja de aquello que le acontece y que le ha
acontecido a lo largo de su vida preguntándose ¿por qué caigo siempre en la
misma trampa? Es por medio del manejo de la transferencia que se podrá intentar
hacer algo nuevo, algo distinto.El
psicoanálisis no “curará” la repetición pues ésta se inscribe como necesaria en
tanto obedece a la estructura misma del sujeto, sin embargo puede cambiar algo de las inercias de la
repetición y de esta forma se buscará que al menos, no haya tanto sufrimiento
al respecto, apostando por el deseo, deseo que en esa misma repetición se ha
desplegado.
Éste y otros temas han sido desplegados y discutidos a partir de los encuentros realizados los días jueves en ¡Un café con Lacan! En éste sentido, pretendo que el presente escrito solamente sea una (re)PETICIÓN al diálogo, a la discusión, a abrir interrogantes a leer y re-leer todas las veces que sea necesario, pues en cada una de las re-lecturas seguramente algo nuevo surgirá que nos permitirá, simplemente, continuar interrogándonos.
Natalia Sladogna
natalia.sladogna@gmail.com
sábado, 27 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Dr. Freud ¿Porqué la guerra?. A propósito de las "maniobras militares y el "Estado de Guerra".
Dr. Freud ¿Porqué la guerra?
A propósito de las “maniobras militares” y el “Estado de guerra”.
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D
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espertamos este domingo de Pascua
con una noticia internacional que el periódico La Jornada califica de <Anuncio> (La Jornada 31/03/13 “Anuncia Corea del Sur nuevos ejercicios militares con Estados Unidos"), el diario El Pais
suscribe una nota en donde Corea del Sur hace un <Anuncio> (EL País 31/03/13 “Corea del Sur anuncia nuevas maniobras militares con EE UU para abril”) y en Clarin aparece una nota citando (Clarin 31/03/13 “Norcorea: “Estamos al borde de una guerra nuclear”””). Una calificación, una descripción y una cita: cada una de las notas
en su desarrollo muestran la fuerza de las palabras que construyen un cierto
panorama en torno a un evento de estado latente
-¿que late?-. El discurso arma la escena. A través del envés de ese armado nos
movemos, para muestra un botón: La Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina –entre otros informantes-
publicó que:
Mientras, informaciones divulgadas en internet citaron a un experto del Centro de estudios Coreanos del Instituto ruso del Extremo Oriente, Evgueni Kim, quien afirmó que la llamada declaración de guerra de la RPDC a Surcorea fue un error en la traducción.Kim afirmó que el texto original de Pyongyang precisó que en caso de "provocaciones enemigas, la RPDC reaccionará de acuerdo con las leyes de tiempo de guerra", algo diferente a los divulgado ampliamente en medios mediáticos occidentales.
Así, lo que el pasado sábado
treinta de marzo se publicó como una declaración de “Estado de Guerra” queda en
otro lugar y los efectos de dicha declaración son muy otros. No nos interesa
suscribirnos en razón de una “verdad” o una certeza de una traducción, sino más
bien destacar como el discurso arma una escena u otra escena u otra muy
diferente y que en función de ello hay efectos materiales y emocionales y
operatorios y … diversos. Esa otra traducción de la que escribe Prensa Latina divulgada como dice en
occidente hubiese efectuado otra acción que la de repudio de la que en Pagina 12 leemos (Pagina 12 31/03/13 “Repudio mundial a la amenaza norcoreana”) y de
esta manera se hubiesen -como dice Austin- hechos otras cosas con las palabras.
Estos diarios hablan de amenazas,
advertencias, retorica bélica y colocan a lo que hablan en el orden del
anuncio. ¿Qué anuncian? ¿A quién dirigen sus anuncios? ¿De que enunciación
emergen esos anuncios? Acompañados de Sigmund Freud hacemos una lectura del
mensaje que en el anunciar en su denotación de hacer saber algo, se transmite:
una mostración de fuerzas.
El 30 de Julio de 1932 Albert Einstein escribe
una carta dirigida a Sigmund Freud consultándole a través de varias preguntas ¿Porqué la guerra?. (Para tener acceso a
la carta de Einstein, hacer clic aquí.)
La primer pregunta desplegada en la carta pública
dice “¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?”.
Es un cuestionamiento que no podemos dejar de resaltar que, su pregunta, tiene
una certeza entre líneas que forma un axioma: la guerra, para Einstein, está
inscrita en el mismo orden que lo humano. Einstein no pregunta cual camino
tomar para evitar guerras, no pregunta si acaso hay caminos para evitarlas;
pregunta puntualmente si hay un camino para evitar a la humanidad de unos
ciertos estragos. Y escribo que las coloca en el mismo orden (la guerra y la
humanidad) para no decir que la una es inherente de la otra y naturalizar algo
que no es natural, sino para querer decir que donde hay humanidad, hay guerra.
Y es que Freud toma ese costado
no sin retomar las palabras de Einstein y hacerles una operación:
Comienza usted con la relación entre el derecho y el poder: he aquí, por cierto, el punto de partida más adecuado para nuestra investigación. ¿Puedo sustituir la palabra «poder» por el término, más rotundo y más duro, «fuerza»? Derecho y fuerza son hoy, para nosotros, antagónicos, pero no es difícil demostrar que el primero surgió de la segunda, y retrocediendo hasta los orígenes arcaicos de la Humanidad para observar cómo se produjo este fenómeno, la solución del enigma se nos presenta sin esfuerzo.
Al hacer dicha sustitución lo que
hace es poner de relieve que en algo realizado para significar fuerza, produce
efectos imaginarios de poder.
Freud se dirige dirige
evolutivamente en la humanidad para dar cuenta de dicha sustitución y convoca a
un origen:
Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quien debía permanecer alguna cosa o voluntad de quien debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición.
Con Freud leemos que quien poseía las mejores armas
aparecía entonces como quien tenía mayores fuerzas y por ende, efectos de
poder. Sin embargo lo que leemos ahora es que esas armas no están siendo
utilizadas inflingiendo daño o aniquilando al contendiente, si no realizando
pruebas y mostrándolas, realizando una imagen de fuerza es que se pretende
conseguir el objetivo, obligar a una de las partes a abandonar sus pretensiones
o su posición: el desarrollo nuclear por una parte, los ejercicios militares en
conjunto por la otra, ambos objetivos consistiendo en un formato paranoico de
ligar la información, y es que como Freud situó, al adoptarse la superioridad
intelectual se adopta con ello la cualidad de saber escoger entre varias
opciones, de leer en los intervalos –como la etimología lo inscribe- de leer
entre líneas, vale decir, de ligar signos. Y es porque un signo es algo para
alguien que, las imágenes que suponen fuerza suponen para el que las percibe la
percepción paranoica de estar dirigidas y operar en función de esa percepción,
introduciendo así un ataque que no ha sido pero operando bajo el puede ser
cuando no se sabe, así se construye una guerra en nombre de una seguridad…
invasiones por informaciones “falsas” y “presuntas”, así se ve armamento
peligroso donde después no se encuentra -sólo basta recordar el 2003-. Hay
detalles, cosas, objetos, eventos, dichos y más que hacen signo, éstas son leídas
por alguien y tomadas en cuenta para operar, un detalle puede pasar
desapercibido para alguien y para otro no, ese mismo detalle puede significar
algo para alguien y para otro no, se detalle puede percibirse como dirigido y
para otro no, pero, al cabo, la personalidad y lo entendido por paranoia como
forma de operar tienen más que una relación.
Freud en esa carta nos deja
entrever algo que no es armónico con el discurso de la seguridad en nombre del
bien común, y es que, el hecho de tener consideración a la vida de un enemigo es
útil, lo introduce en el orden de un objeto funcional: la utilidad del otro, un
rasgo perverso de quien a través de una percepción paranoica utiliza la mostración de fuerza para subyugar:
Este objetivo se alcanza en forma más completa cuando la fuerza del enemigo queda definitivamente eliminada, es decir, cuando se lo mata. Tal resultado ofrece la doble ventaja de que el enemigo no puede iniciar de nuevo su oposición y de que el destino sufrido sirve como escarmiento, desanimando a otros que pretendan seguir su ejemplo. Finalmente, la muerte del enemigo satisface una tendencia instintiva que habré de mencionar más adelante. En un momento dado, al propósito homicida se opone la consideración de que respetando la vida del enemigo, pero manteniéndolo atemorizado, podría empleárselo para realizar servicios útiles. Así, la fuerza, en lugar de matarlo, se limita a subyugarlo.
Se hace ver un “propósito homicida”
para atemorizar en nombre del respeto a la vida del enemigo y así subyugar, se
toma al Derecho para manejarlo en nombre de la seguridad del bien común y lo
que efectúa, al cabo, no es una obligación a “abandonar sus pretensiones o
posición” como Freud dice de la guerra, sino más bien a adoptar por muestras de
fuerza una posición y unas pretensiones. Un juego que crea subjetividades y
afecta colectividades. “Por consiguiente, -escribió Freud- ésta es la situación
original: domina el mayor poderío, la fuerza bruta o intelectualmente
fundamentada.”
Sin embargo, el paso de la fuerza
al Derecho es un efecto de unión, de vínculo frente al mayor poder o fuerza
bruta y es que, como sabemos, el poder o el mayor poderío no es Todo el poder,
un estado totalitario cojea y los que se investían de poder caen:
Pero es preciso que se cumpla una condición psicológica para que pueda efectuarse este pasaje de la violencia al nuevo derecho: la unidad del grupo ha de ser permanente, duradera.
Al tiempo, lo que resquebraja una
unidad grupal es la imagen atemorizadora de la fuerza, así, ésta condición psicológica
que marca Freud para el pasaje de la violencia al derecho, es de a momentos más
que permanente. El discurso del capitalismo que impulsa a la adopción de
pretensiones y posiciones comanda a la imagen de fuerza hoy mientras que la
fuerza de trabajo queda subyugada y colocada como objeto de utilidad,
desechable y descartable. Esta condición respalda que el respeto a la vida y la
imposición de la seguridad en nombre del bien común son otra cosa que lo que
quieren decir en el panorama de los dimes y diretes del “estado de guerra” y de
“las maniobras militares”.
El final de la primer pregunta
que responde Freud a Einstein:
Aunque parezca paradójico, es preciso reconocer que la guerra bien podría ser un recurso apropiado para establecer la anhelada paz «eterna», ya que es capaz de crear unidades tan grandes que una fuerte potencia alojada en su seno haría imposibles nuevas guerras.
Para acceder a la carta Publica, respuesta de Freud, dar clic aquí.
Luis Mendoza Lascano
luis.m.lascano@gmail.com
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