El siglo veinte, un siglo de testimonios.
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http://clavesdelsur.com/20-de-noviembre-2013-2/
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Las grandes guerras, el holocausto y otros genocidios, van
modificando las cosas y en ello las subjetividades, de estos hechos, una figura,
la del testimonio, ha sido de gran importancia para transmitir lo ocurrido en
ellos, cosas difíciles de creer, experiencias del horror y otras muchas más de
las cuales no sabríamos nada si no es porque hay testimonios de esas
experiencias.
El saber es producto y efecto de una experiencia, en los
testimonios lo que se transmite es un saber y lo que se juega es la verdad, de
allí que introducimos la diferencia entre el testimonio intencional (testimoniar para...) y el
testimonio inintencional (testimoniar de...). En el testimonio intencional se introduce la creencia, creer en lo que se dice y lo que se quiere hacer, la verdad se escabulle allí,
en ese querer sin lograr lo que se introduce es la falsedad y la creencia. En
el “testimoniar de…” lo que se transmite es un saber y algo de verdad
se sabe.
¡Paradoja que desarrollamos en la columna radial!
Para desarrollar las cuestiones acerca del
testimonio articulamos ejemplos de la vida cotidiana, un artículo de Sigmund
Freud en donde un sueño valió como testimonio y al final, después de marchar por los senderos del testimonio en diversos ámbitos,
transmitimos uno: la experiencia que Luisa C. narra en el libro “Depósito de maniquíes.
Historias detrás Del manicomio” de Darío Cavacini:
De Luisa C. que “Permanece internada desde 2011 en el hospital neuropsiquiátrico Braulio Moyano de la Ciudad de Buenos Aires (…) Todos los viernes espera que el médico le dé el alta…”
luis.m.lascano@gmail.com